Chávez suspende el concierto de Alejandro Sanz de Caracas.
No le deja el Poliedro.
Lo primero que uno piensa es… ¿ein?
La leche: los titulares tienen eso, o lees más o no entiendes nada.
Investigo y llego a la conclusión de que a) el Poliedro era donde iba a dar el concierto y b) fue porque Alejandro Sanz dijo (hace bastante) que… no le acababa de gustar lo que hacía el Líder por antonomasia.
Yo creo que a Chávez lo que le molestó fue lo que vino después: que Alejandro dijo que le gustaba tan poco… como lo que hacía el presidente de su país (aquí, “Público” considera pertinente aclararar eso, que fue hace bastante, cuando el “presidente de su país” -del de Alejandro- era Aznar).
De aquí saco dos conclusiones: que las comparaciones son odiosas y que un buen Líder no olvida.
¿Me tocas las narices? No prescribe.
Y la segunda: que mal por Chávez. Normalmente es un Líder de libro pero aquí… mal.
¡Lo más importante es lo meinstrim, hombre, por diosss! Yo, si algún día me dan un país, prometo no prohibir nunca conciertos de Alejandro Sanz.
O a mí no se me ocurre una manera de contar eso como “lo mejor para mi gente“, que a lo mejor a él sí.
A esos fans les dice que, en vez de Alejandro Sanz, tendrán gratis un recital de música llanera… y será el folklore, la tierra y lo que tú quieras, pero yo creo que no tienen el mismo tirón.
A esa gente no la compensas; por mucha mucha educación y mucha arepa que regales.
Ah, y lo del desmentido de Rambo, por alusiones:
No se ha estrenado Rambo V y ya se rumorea que Rambo VI (protagonizado por Silvester Stallone, que tiene 62 años y hacen que uno mire a los padres con otros ojos) a lo mejor va de que a su hija la ha raptado una secta.
Pues eso: aclarar que no será la nuestra.
No porque nosotros no raptemos a las hijas de la gente, cuidado. Que, si ellas quieren, todo se puede hablar.
Sino por respeto a Rambo. Dos frases míticas, de la 3ª parte de la saga:
Los malos malísimos se echan a temblar al oír que Rambo va a intentar asaltar un fortín -por supuesto, él solo- en el que hay tropecientos mil hombres armados hasta los dientes. Uno de los jefazos, hartito ya, dice:
“Pero bueno, ¿a qué tanto ohquevieneRambo-oh-oh? ¿Es que ese tal Rambo es dios?”
Y uno de los que anda por allí, que debía de haberse visto las dos primeras partes, responde:
“No. Dios tendría piedad”
De lo que se deduce que en Afganistán (creo que era) se va mucho al cine. Leer el Antiguo Testamento, menos.
Y otra: Rambo sale de un agujero en medio del desierto, escapando de un incendio, escalando una cuerda (que sólo le falta añadir aquella frase de Millán, de la entrevista con Julia Otero: “bajando un desfiladero, montado en una borrica, vestido de fallera y pelando una naranja”).
El coronel (¿Truman, era?) le pregunta:
“¿Qué tal, John?”
A lo que Rambo tiene a bien responder, con ese acento suyo Langa-Urraldiano:
“A la… parrilla”
Con lo que ha pasado ese hombre, nuestra secta no le va a secuestrar la hija, hombre. Pues sí: lo que le faltaba.